Todos nacemos con unos programas automáticos que deben apagarse durante los primeros años,
cuando el cerebro toma el mando. A veces no se apagan del todo.
Estas 70 preguntas te dicen qué señales tiene tu hijo hoy, agrupadas por programa.
Son diez por programa, para que todos pesen lo mismo. Tardas unos ocho minutos.
Esto no es un diagnóstico ni sustituye a un profesional.
Es una forma ordenada de mirar lo que ya ves en casa.
Los porcentajes no miden cuánto reflejo tiene tu hijo. Miden cuántas de las señales
asociadas a cada programa están presentes hoy en tu casa. Es un mapa de por dónde empezar, no una medida biológica.
Casi todos los niños tienen alguna señal: en un estudio con niños con desarrollo típico, todos tenían al menos una.
Lo que importa no es tener una, sino cuántas se juntan y si coinciden con dificultades reales.
La relación entre estos programas y el habla está publicada, pero es una relación, no una causa.
Nadie ha demostrado que integrarlos haga hablar a un niño. Lo que sí sabemos es que cuando el cuerpo
va por libre, el habla lo nota. Por eso el cuerpo va primero.
Si ves varios bloques altos, pide una valoración a un terapeuta ocupacional o a un profesional de neurodesarrollo.
Merece mucho la pena.
Este mapa cuenta lo que ves tú en casa, que es justo lo que en una consulta de cuarenta y cinco minutos no se ve. Pero suelta, en el teléfono, se pierde.
El informe para el terapeuta ya se lleva este resultado: no vas a repetir ninguna pregunta del cuerpo. Solo te preguntará por el habla —qué dice, qué sonidos tiene, si se le entiende— y saldrá una sola página con las dos cosas juntas. Se rellena en cuatro minutos.
Seguir con el informeNo es un diagnóstico. Es tu observación, ordenada, para que la conversación empiece más adelante.